Un hombre sin rostro, con un elegante traje negro y corbata, se sitúa frente a un fondo verde oscuro y profundo. Contornos amarillos y azules como el neón rodean su silueta, como si se difuminara entre la realidad y la ilusión. Las inquietas pinceladas de su cabeza sugieren un caos de pensamientos o una identidad disuelta. Esta obra simboliza la difuminación de la individualidad y el anonimato del mundo moderno, un impresionante juego de contrastes que destila misterio y fascinación.
Un hombre sin rostro, con un elegante traje negro y corbata, se sitúa frente a un fondo verde oscuro y profundo. Contornos amarillos y azules como el neón rodean su silueta, como si se difuminara entre la realidad y la ilusión. Las inquietas pinceladas de su cabeza sugieren un caos de pensamientos o una identidad disuelta. Esta obra simboliza la difuminación de la individualidad y el anonimato del mundo moderno, un impresionante juego de contrastes que destila misterio y fascinación.